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Buenos días (1959) DVD-VOSE

domingo, 14 de mayo de 2017





















Título original
Ohayo (Ohayô)
Año
Duración
94 min.
País
Japón Japón
Director
Guion
Yasujiro Ozu, Kôgo Noda
Música
Toshiro Mayuzumi
Fotografía
Yuuharu Atsuta
Reparto
, , , , ,, , 
Productora
Shochiku
Género
Comedia | FamiliaRemake
Sinopsis
Japón, años 50. Como todos los días, los miembros de una familia se disponen a afrontar sus problemas, sueños y realidades. El padre, con los altibajos de su trabajo y las exigencias que impone la educación de los hijos. La madre, administrando los ingresos familiares y atendiendo a las múltiples complicaciones de la vida doméstica. Y los hijos obsesionados por tener televisión en casa, y uno de ellos enfrascado en sus estudios y angustiado por un defecto físico. 

2 comentarios:

  1. La historia de la relación entre varios vecinos le sirve a Ozu para hacer un retrato de los peligros y bondades que encierra la palabra. Al habitual ritmo pausado y la belleza de los encuadres se une aquí un fino humor, a cargo de dos niños que deciden hacer una huelga de silencio hasta que les compren un televisor. Simpática y diferente.
    Daniel Andreas: FILMAFFINITY

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  2. La desaparición del dinero de unas cuotas (pareciera que de algún tipo de comunidad de vecinos) da lugar a la presentación de un grupito de familias habitantes de los suburbios de una ciudad japonesa, y vamos a ir conociendo algunas de las peculiaridades de sus integrantes y la situación de cada una de ellas; y así, sosegadamente vamos fluyendo como si fueramos el aire que los rodea, hasta que el deseo de dos hermanos de tener una televisión en casa centra la atención de cámara y espectadores. Una película que centrifuga un montón de situaciones aparentemente anodinas transformándolas en una historia alegre y vital; muy propio de aquellos años en Japón donde la población luchaba por superar el drama y la tragedia que supuso la derrota en la 2ª guerra mundial, con sus cientos de miles de compatriotas muertos, sus ciudades bombardeadas y dos bombas nucleares -el terror- sobre territorio japonés, que dejaron un pesado lastre de humillación y tristeza.

    - "Alguien me dijo que la televisión produciría cien millones de idiotas".

    Siempre me ha fascinado el cine japonés; su ritmo, sus pausas, su narración fragmentada, sus extraños diálogos -a veces simples y naturales, y otras veces tan estrafalarios-, su estructura laminada y mezclada como unos naipes recién barajados; con esa puesta en escena y esos encuadres en los que sólo se mueven las personas y el resto está fijo, como congelado -en ocasiones pareciera que no existe ni el viento; incluso las ropas y los peinados son como la carrocería de los coches, se mueven como si fueran dirigidos y no portados, como si fueran rígidos, sin flexibilidad-, con esas bandas sonoras tan atractivas como desconcertantes; con esas atmósferas en las que uno tiene la sensación de notar como fluye el tiempo, como si los segundos, los minutos, los días o los años fueran un personaje más en el que fijar parte de la atención... Pues esta película es el ejemplo perfecto.

    - "Está mintiendo, se le nota en la cara. Se está riendo".

    Es una película costumbrista maravillosa; podría ser, perfectamente, un documental sobre la vida cotidiana de una pequeña barriada de alguna ciudad japonesa al final de la década de los 50; el contraste con el Japón tecnológico y futurista al que estamos acostumbrados hoy en día es brutal. Los personajes son geniales, con las extravagancias propias de la cultura japonesa y sus códigos tan desconocidos para nosotros que le dan ese toque de 'surrealismo-real' o de 'realidad-onírica' que de vez en cuando nos hacen sonreír y nos dejan descuadrados porque las interacciones nunca van por el camino esperado. El cuadro que se nos pinta del grupo de amas de casa es la risa, con sus cotilleos, sus recelos y con sus problemas y roces cotidianos; contrasta con el grupo de hombres, serio y cuyo mundo está absolutamente gobernado por el trabajo, da la sensación de que sólo en la taberna hablan de temas que hacen caer esas pesadas losas y dejan entrever sentimientos, y son los momentos en que sin ser conscientes, son transformados al dejarse tocar por la humanidad y el calor del corazón que mantienen oculto. Los jóvenes son retratados como despreocupados, alegres e incorformistas, pero no pretenden cambiar nada; o se conforman, o pasan de todo, o quieren huir. Los niños, los pobres parece que viven en un planeta alienígena; el personaje del hermano pequeño me ha encantado, es el mejor de toda la cinta.

    - "¿Sigues comiendo piedra pómez? Es mala, te vas a morir; yo lo he dejado, me he pasado a las judías".

    EL final es buenísimo, me reí y me dejó contento para el resto del día; una película que pareciera no contar nada y sin embargo entretiene y alegra... Misterios de la vida.


    Abrazos mañaneros.
    Sayonara
    (Tormenta de ideas)

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