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La gran aventura (1966) DVD-VOSE

viernes, 10 de febrero de 2017





















Título original
Custer of the West
Año
Duración
146 min.
País
Estados Unidos Estados Unidos
Director
Guion
Bernard Gordon, Julian Halevy (AKA Julian Zimet)
Música
Bernardo Segall
Fotografía
Cecilio Paniagua
Reparto
Productora
Cinerama Releasing Corporation
Género
Western
Sinopsis
Después de la Guerra de Secesión (1861-1865), George Custer se incorpora al Séptimo de Caballería y tiene una destacada participación en las Guerras Indias. Tras atacar por sorpresa un poblado en plena noche, sus hombres llevan a cabo una matanza. Reclamado en Washington para testificar, acusa de corrupción al Presidente Grant y, a pesar de su popularidad, es relevado de su cargo. Gracias al apoyo del general Sheridan regresa al Oeste, donde encontrará la muerte luchando contra los indios en la batalla de Little Big Horn (1876).

7 comentarios:

  1. Personalmente prefiero esta versión a la rodada en 1941 y protagonizada Por Errol Flynn. A mi juicio Robert Shaw consigue mejor interpretación de Custer. Su fisionomía encaja a la perfección con las connotaciones que se pretendían resaltar del carácter del polémico General. El actor consigue brillantemente el darlas a conocer al espectador. Esta versión es más equilibrada a la hora de vendernos al polémico personaje, mostrándonos más facetas negativas que en la edulcorada versión en B/N. Se nos muestra un Custer cruel por su directísima sinceridad, estrictamente disciplinario, abstenio en cuanto a la bebida, y a la vez, se nos muestra sus dotes de genio militar que se auto-traiciona por su desmedida ansia por conseguir la gloria y el triunfo.
    En cuanto a la percepción que tenemos del personaje a lo largo de la película, yo la dividiría en 2 partes: En la primera parte se nos muestra su lado cruel y estricto. En la segunda parte se nos muestra al "ogro" convertido en víctima de unos políticos corruptos y ambiciosos a los que descubre con su "cruel sinceridad".
    Lo que más destacaría de esta película, aparte de la genial interpretación de Robert Shaw, es unos buenos actores secundarios y una banda sonora, que aunque tiene algunos defectos en cuanto a la transición de las diferentes partituras de unas escenas a otras (en algunos momentos la música no va en sintonía con lo que se nos muestra), posee unas partes geniales con las que se consigue transmitir y "preparar" al espectador para el final trágico con que se culmina. La banda sonora, por momentos resulta emotiva, y en otros se enfatiza un tono épico que a la misma vez deja translucir y percibir el trágico e inevitable final. Yo creo que el compositor de la banda sonora supo transmitir a la perfección esas sensaciones en forma de música, y eso es lo que hizo que cuando vi esta película por primera vez, se me quedara marcada.
    En cuanto a la fotografía y el montaje de imagen, no destaca especialmente. Las escenas de acción y el combate final si no son espectacularmente épicos, son al menos aceptables. A mi juicio esos pequeños fallos los suple los geniales momentos con que nos obsequia la banda sonora. Aunque es larga, unos 140 minutos, no resulta pesada en ningún momento.
    En cuanto al rigor histórico, hay opiniones para todos los gustos. Pero no es eso lo que he entrado a valorar en esta opinión.

    Crítica de: Nomenclatus Madrid (España)

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  2. Interesante, no sé si muy histórica, pero sí con un Robert Shaw muy metido en el papel años antes de que se lo comiera el tiburón de Spielberg. Para mi gusto, esta versión le da mil vueltas a la edulcorada de Errol Flynn. Por cierto, sobre la música ‘emotiva’, a mí me ha sonado sospechosamente parecida a Trisstese de Chopin. Saludos, Oscar, y enhorabuena por tu trabajo!

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  3. Hola Edu, coincido con tu comentario, a parte Shaw es un actor serio en sus papeles y como mínimo daba la talla...sobre la fidelidad histórica es mejor no indagar sobre todo en producciones de Hollywood !

    Saludos.

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  4. No había vuelto a ver "La gran aventura" ("Custer of the West") desde mi niñez, justo cuando se estrenó en España, pero conservaba un grato recuerdo de ella. Tras revisarla de nuevo, tengo que decir que no me ha defraudado, a pesar de los muchos años transcurridos y también a pesar de sus limitaciones, ya comentadas por otros críticos y aficionados en otros foros.
    La película se ve con interés, desde el principio hasta el trágico y previsible final, y eso dice mucho a su favor. A ello contribuye muy especialmente el brillante trabajo de Robert Shaw, cuya atractiva y poderosa presencia llena indiscutiblemente la pantalla. El personaje de George Armstrong Custer queda aquí definido de una manera mucho más acertada y, seguramente más próxima a la realidad, que el encarnado por Errol Flynn en "Murieron con las botas puestas", una versión edulcorada y pseudo-histórica de los hechos narrados que resulta muy poco creíble. En "La gran aventura" se aprecia una dualidad interesante en el personaje de Custer: por un lado, su espíritu guerrero y aventurado, propio de un gran militar, deseoso siempre de entrar en acción, y por otro lado su acertada percepción de la triste realidad de los indios, un pueblo amenazado de forma inexorable por el progreso de los blancos, con su avanzada tecnología, su ferrocarril, la ambición desmedida ante los recién descubiertos yacimientos auríferos, y su imparable expansión hacia el Oeste. En este último sentido, en la película que comentamos, Custer parece dar crédito también a otra voz especialmente crítica con el papel de los blancos (que violan todos los pactos) y firme defensora de los indígenas: el joven capitán Benteen, encarnado por Jeffrey Hunter (el Jesús de Nazareth de "Rey de Reyes").
    En fin, la película se añade a la larga filmografía norteamericana del género western que aborda un tema recurrente, el del desigual conflicto armado entre la joven nación norteamericana y las tribus indias del Oeste profundo, que se saldó de forma desastrosa en contra de éstas últimas, como bien se sabe. La batalla de Litttle Big Horn constituye un episodio muy singular en todo este proceso, precisamente porque contra todo pronóstico un destacamento militar moderno, bien entrenado y equipado, fue aniquilado por una fuerza indígena en teoría mucho más atrasada, aunque también es cierto que muy superior en número. Algo parecido sucedería casualmente apenas 3 años después, en 1879, muy lejos de aquel hermoso escenario del norte de los EE.UU.: me refiero a la batalla de Isadhlwana, en Sudáfrica, en la que una numerosa fuerza nativa zulú aplastó a un importante contingente del ejército imperial británico (hecho también llevado al cine). Quizás por las similares circunstancias, ambos episodios han llegado hasta nuestros días con un cierto aura de romanticismo.
    Termino ya. Esta película me ha servido de algún modo para reencontrarme conmigo mismo, con aquel chico de 13 o 14 años que asistía embelesado a una sesión de Cinerama en la sala Albéniz, de Madrid, en aquellos lejanos años sesenta, y también para reflexionar de nuevo sobre un tema viejo que nunca pasa de moda: el eterno conflicto entre la naturaleza (en este caso, un pueblo indígena que vivía en armonía con el medio) y el progreso humano, un progreso ciertamente del que pocas veces puede uno sentirse orgulloso.
    13 de marzo de 2017

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  5. Hola Fernando, buen comentario...soy afín a tu opinión respecto a esta película y el personaje !

    Un saludo.

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  6. Muchas gracias, Oscar. Un placer haber leído también tu comentario.
    Un saludo y espero poder seguir encontrándonos por aquí.

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